Nazanín Armanian

(Publicado en Metro, 20 de abril de 2006)

La ONG Save the Chidren “Salven a los niños”, que denuncia que los niños son víctimas de 32 formas diferentes de castigos físicos, de los cuales los más frecuentes son la bofetada, cachetes, collejas y golpear con regla y cinturón. Los malos tratos psíquicos incluyen, por otra parte, la humillación pública, encerrar al niño a oscuras, ponerle cara contra la pared, insultarle, amenazarle, compararle con sus hermanos, mostrarle indiferencia, culpabilizarle, o simplemente no atender sus necesidades básicas, sobre todo las afectivas.

Lo más tenebroso en este panorama no es que el 56% de los padres españoles crean conveniente pegar al niño para educarlo (¡el viejo cuento de la “violencia educativa”!) sino que el artículo 154 del Código Civil, otorgue el derecho a los progenitores a “corregir razonable y moderadamente a los hijos”.

Durante el 2005, según la misma organización, al menos unos 130 mil pequeños fueron “corregidos razonablemente” por sus padres, de los cuales 12 murieron.

Pues, la ley no aclara la distinción entre el famoso cachete y el maltrato. ¿Será cuestión de la dosis de los golpes o de su frecuencia? ¿O del lugar del cuerpo del niño (el rostro o el culete) donde caiga la dura mano de un adulto?

¿Se elije el culete para la “violencia educativa”, porque sed siga la recomendación de aquel señor de Fuengirola “pegar sin dejar marcas”? ¿O es porque es un lugar oculto y nadie podrá ver las huellas de la agresión?

Por cierto ¿Por qué razón no podemos “corregir razonablemente” a nuestras parejas, padres, abuelos o los compañeros de trabajo, cuando creemos que se equivocan? ¿Será porque nos devolverán el golpe?

Recurrimos al poder físico para imponer nuestra voluntad –más allá del tamaño y estatura del coaccionado-, cuando falla la habilidad de comunicarse, de razonar.. rompimos la confianza y la sustituimos con hostilidad, miedo y rencor como lógicos resultados del despótico método de provocar el miedo para conseguir la obediencia…