Nazanin Armanian

Publico.es

No se podía esperar otro resultado que el “Sí” en el referéndum del día 16 de abril convocado por Tayyeb Erdogan. Ha conseguido poner fin a la separación de poderes, y ostentar el derecho de declarar el estado de emergencia y a formar su gabinete sin la aprobación del parlamento, entre otros, sin que tuviera garantía de poder ejercerlo. A pesar de utilizar a todos los medios estatales a su alcance, a todos los medios de comunicación y de reclutamiento (incluidos miles de mezquitas), la detención de cerca de 110.000 críticos y opositores utilizando el pretexto del fallido golpe de estado del julio del 2015, el cierre de un centenar de publicaciones, la censura,  el chantaje, y el fraude electoral y acusar a sus críticos de “agentes de gobiernos extranjeros”, terroristas y golpistas, el “Sí” obtuvo sólo el 51.25. Ni siquiera el envío de sus ministros a aquellos países europeos con presencia de inmigrantes turcos (que pertenecen a diferentes clases sociales, etnias y religiones) dio el resultado deseado. En Suecia y el Reino Unido ganó el “No” por el peso de los kurdos y alevíes, mientras en Alemania y Austria , donde están sufriendo los mayores ataques xenófobos, la visita de sus políticos les dio la confianza necesaria para sentirse protegidos (entre otros motivos) y ganó el  “Sí”.  El régimen de la derecha fundamentalista del Partido de la Justicia y el Desarrollo no pudo salvar a Erdogan, ni aliándose con la extrema derecha chovinista de Acción Nacionalista: lo único que consiguió con ello fue ahuyentar a los votantes kurdos del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP). Esta derrota tapada por una victoria nominal pírrica, se refleja en los siguientes datos:

  • Algunos juristas turcos afirma que la propia Constitución turca prohíbe el cambio del sistema político, por lo que el referéndum sería nulo.
  • El Partido Democrático de los Pueblos denuncia la manipulación de al menos el 4% de los votos: bajo la sospecha de que  en algunos colegios hubo más votos que votantes, y en otros, además de sobres ilegales, sólo había el sello “Sí” para estampar las papeletas.
  • El “No” ganó en unas 30 ciudades como Estambul, Ankara, Esmirna o Adana que desde hacía años apoyaban a AKP.
  • Cerca de 8,6 millones del electrodo no participaron en el referéndum,lo que de alguna manera supone un “No”, por lo que el peso del frente opositor ha sido mayor que el del “Sí”.
  • Que Erdogan haya perdido el gran apoyo que recibió el día después del intento del golpe militar del julio del 2016 muestra que el plan de los golpistas al regalarle una soga para ahorcarse solo, ha funcionado: el presidente megalómano está dispuesto a asumir cualquier riesgo con tal de llevar adelante su proyecto político, que se parece bastante a Welayat-e Faghih (Tutela del jurista islamista) que gobierna Irán desde 1979, y concentra todos los poderes del estado en manos de una misma figura, con facultad de suspender todos los órganos electos, en nombre de Dios.
  • Un sector de la dirección del Partido Republicano del Pueblo se rebeló contra el “Sí” oficial del partido, reclutando a la mayoría de sus militantes para desmontar el intento de Erdogan. Pudo dirigir a los sectores dispares de la sociedad turca –sobre todo a la derecha Gülenistas, la izquierda turca y kurda, y la minoría religiosa aleví-, para salvar lo que aún queda de la democracia secular, advirtiéndoles de la tragedia que supondría un totalitarismo teocrático.

Las consecuencias del Referéndum

Las artimañas del dictador turco, el uso del discurso “anti imperialista”, la oposición a la injerencia extranjera (no confiesa que contó con el apoyo de G. Bush para socavar el secularismo en Turquía), sus políticas de profundizar y extender la islamización en todas las esferas sociales –que ha incluido el ataque a la teoría darwinista de la evolución de las especies, promover la pedofilia legal de las niñas (que tiene una relación directa con la teoría creacionista) y perdonar a los violadores-, ni siquiera “cuidar” a sus leales con el dinero público, desde el sistema patrimonialista que ha creado, le garantiza la permanencia en el poder, que cada vez es más frágil. El neoliberalismo religioso, se apoya en el creciente número del lumpenproletariado (de ellos salen las milicias “yihadistas” o los matones fanáticos)-.

También en Turquía ha atacado a la a clase obrera y a la clase media, destrozando la estructura y las conquistas sociales de los trabajadores. La amenaza de recuperar la pena de muerte es sólo una muestra de este asalto del oscurantismo medieval.

Una diferencia del 1,5%  sólo le permite al sultán turco cambiar la Constitución, que no el sistema político turco, ni podrá enfrentarse a un importante sector de la élite militar, económica, política, y de medios de comunicación. Por otro lado, el hecho de que la reforma constitucional no prevea una identidad multiétnica para satisfacer las demandas de los kurdos, va a incitar a (algunas facciones del) PKK a recuperar el objetivo de la independencia. Desde el 2015, la aviación turca ha matado a unos 3000 kurdos forzando la huida de otros 500.000 de sus hogares. Su última incursión “anti-kurda” tuvo lugar el 25 de abril al bombardear las posiciones del PKK en la montaña iraquí de Sinjar en el norte de Siria, matando a unos 70 kurdos. Fue una advertencia a EEUU y Rusia que están negociando la creación de una autonomía para este pueblo en Siria. Washington, que no pudo deshacerse de Erdogan, le sigue presionándole para someterle a sus demandas: establecer el sistema federal, volver a las conversaciones de paz con los kurdos, dejar de bombardear a Siria y alejarse de Rusia. La reciente detención en Washington del vicepresidente del banco de comercio turco Turkiye Halk Bankasi en Washington por blanquear cientos de millones de dólares, saltando las sanciones contra Irán, ha sido un duro golpe a Ankara.

Sin duda, la principal víctima del referéndum ha sido el secularismo (aunque sin su necesaria “ilustración”) que había posibilitado una convivencia pacífica entre diferentes sectores sociales. Los pueblos de Oriente Próximo conocen bien el sentimiento de frustración generado por la pérdida de las conquistas de un siglo de lucha por reducir el poder de las instituciones religiosas y limitar los intereses macabros de la aristocracia y la burguesía subdesarrollada.

También en Turquía se desintegra el viejo orden, mientras la sociedad enfrenta a un peligroso futuro lleno de incertidumbres.