Nazanin Armanian

Publico.es

23 de mayo 2015

Las imágenes de las atrocidades cometidas por los grupos y Estados fundamentalistas islámicos inundan la prensa sirviendo de pedagogía del terror para sus promotores, mientras que para otros son la prueba que justifica las guerras de conquistas contra los bárbaros. “¡Ellos no representan el Islam verdadero!”, aclaman quienes ven nula la relación entre la religión y la violencia sin piedad, y en otro extremo se afirma que “el terror es parte inherente del Islam,  o del hecho religioso en general”; quizás viendo cómo en la India o en Myanmar los fieles de un credo como el budismo son capaces de destrozar la vida de miles de musulmanes. ¿Existe, entonces,  la violencia religiosa o se trata de intereses viles y mundanos de unos cuantos en nombre de los dioses que representan?

Las cámaras de televisión que hablan continuamente de la seudodoctrina de  “Choque de Civilizaciones” suelen estar muy ocupadas acudiendo a actos provocativos como la quema del Corán por un tal Terry Jonse, pastor de cuatro feligreses, y preparadas para mostrar la reacción previamente organizada de otro pequeño grupo fanático en el “Sur”,  en vez de mostrar el sufrimiento de naciones enteras y los cientos de miles de cadáveres, y millones de heridos y mutilados que ha dejado la OTAN en su “lucha contra el terrorismo islámico”.

Separar la verdad de la propaganda

1. El primer gran grupo terrorista “islámico”, los Muyahedines afganos, lejos de ser hijos de la evolución “natural” de una sociedad “musulmana”, fueron creados en 1978 por el presidente de EEUU Jimmy Carter con el fin de derrocar al gobierno marxista de Kabul y arrastrar a la URSS en el pantano afgano; el mismo año, cuando un cardenal de derechas ultraconservador llamado Karol Wojtyła, nacido en Polonia –otro país vecino de la URSS-, se convierte en el Papa del Vaticano se vislumbra la nueva estrategia lanzada por EEUU: financiar la religión política organizada contra las fuerzas anticapitalistas en todo el mundo. Los magníficos resultados de esta estrategia han prevalecido sobre sus  “fallos morales”, como cuando empleó a cientos de espías nazis durante y después de la Segunda Guerra Mundial, e incluso la supuesta muerte de Bin Laden, no consiguió poner fin al negocio de “bomberos pirómanos”. En esta misma línea, se puede analizar la falsa lucha  contra los piratas somalíes, el respaldo  de KALOTAN y los cascos azules a los  narco-muyahidines  bosnios, y  a los terroristas chechenos, la génesis del Estado Islámico y  de Buko Haram en Nigeria,  el timo de la lucha contra “terrorismo islámico” en Mali, entre otros.

2. Ahora bien, las organizaciones como el MI6 o la CIA …..

Seguir leyendo en: