Nazanin Armanian

Yemen está en estado de shock. El 4 de diciembre Ali Abdulah Saleh, el expresidente del país de 75 años, la figura fija del tableo político del país desde medio siglo, fue asesinado añadiendo más incertidumbre al futuro inmediato de la región. Dos días antes, Saleh había hecho una sorprendente declaración televisiva en la que 1) responsabilizaba a los rebeldes hutíes y a la milicia de derecha fundamentalista chiita-sunnita Ansarollah de la guerra y hambruna en el país, y 2) proponía negociar la paz con la coalición liderada por EEUU-Arabia Saudi que bombardea el país desde el marzo del 2015 para “liberarlo de los hutíes”. Arabia lo celebró como el “regreso de Yemen a la Familia árabe” y pasó de llamarle el “dictador depuesto” al “ex presidente” de Yemen. Llevaban meses negociando y Riad por fin lograba romper la alianza entre las militares comandado por Saleh y los hutíes (un grupo tribal que toma su nombre de su líder Abdul Malik al-Houti) que pretende instalar una teocracia en el norte del país. Juntos habían conseguido aterrorizar a los jeques lanzando misiles al propio territorio saudí.

Esta era la segunda jugada de Arabia de este tipo en las últimas semanas. La primera fue secuestrar al Primer Ministro libanés y forzarle a leer su carta de dimisión ante las cámaras y acusar entre líneas a su socio de gobierno el partido chiita de Hizbolá de planear su asesinato.

Después de la declaración televisiva, Saleh ordenó a los militares bajo el mando de su sobrino el coronel Tariq Mohammed Abdullah asaltar los cuarteles houti en Sanaa, el feudo de Saleh. Sorprende que un político tan veterano haya podido cometer un error de aficionado y traicionar tan alegremente a un grupo armado, sin antes haberse puesto a salvo. El 4 de diciembre el apodado “Saddam junior” es asesinado en el sur de Sanaa, zona bajo el control aéreo de Los Emiratos Árabes Unidos (EAU), lo cual confunde sobre la identidad de los autores intelectuales del magnicidio.

El hombre que amaba el poder

Saleh irrumpió en la escena político de Yemen cuando siendo oficial del ejército participó en el derrocamiento de la monarquía en 1962, con el respaldo de cincuenta mil soldados egipcios enviados por el presidente Jamal Abdel Nasser. Entonces el Sha de Irán, Arabia Saudí, Jordania, Israel, Francia y el Reino Unido apoyaban a la monarquía contra las repúblicas nacionalistas árabes que se expandían por Irak, Siria, Libia y Egipto. Mientras, en el sur, la guerrilla marxista respaldada por la Unión Soviética ganaba el pulso al colonialismo británico, declarando en 1967 el nacimiento del primer estado árabe socialista de la historia: la República Democrática Popular del Yemen. En el norte, Yemen seguirá el camino opuesto: un capitalismo dependiente de EE.UU, Gran Bretaña y Arabia Saudí

Saleh se convierte en el presidente del Yemen del Norte 1978, y con la desintegración de la URSS en 1991 y las concesiones unilaterales del gobierno socialista del Sur, será el caudillo de todo Yemen: desmanteló..

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