Nazanin Armanian

 Se desconoce cuándo las celebraciones religiosas se convirtieron en un negocio o ¿fueron los negocios que se disfrazaron de religión? Cuentan que Jesús de Nazaret expulsó a los mercaderes de los templos por realizar  venta y sacrificio de animales, queriendo recuperar su sentido original: lugar de recogimiento y oración, libre del mercantilismo y de la violencia contra los animales.

Pero, una Navidad más, cientos de millones de animales no humanos, capturados en el mar, aire y tierra, acaban en nuestros platos. Antes, habían pasado por los campos de concentración y los corredores de la muerte llamados granjas industriales, y mutilados, doloridos y asustado habían sido arrojados en los mataderos, el lugar más terrorífico que existe en nuestro planeta, ocultados conscientemente del ojo público.

 

 Si es cierto que el profeta de los cristianos pertenecía a la secta mística de los esenios significa que se oponía a la matanza de los animales y comer sus cuerpos. Pero en la España de mayoría cristiana, el sacrificio de animales en el matadero creció el año pasado en un 20%.

Vázquez Montalbán llamaba “cocina de la crueldad”, al cocimiento de animales vivos como los caracoles y langostas, o arrancar las huevas de caviar del vientre de las hembras del esturión y a medio morir arrojarlas al mar.

 “Yo les entrego, para que ustedes se alimenten toda clase de hierbas, de semilla y toda clase de árboles frutales” (Génesis 1:29). El Reverendo británico Andrew Linzey (1952), figura destacado del movimiento de cristianos vegetarianos, contesta a quienes piensan que Dios creó a los animales para que sirvan al hombre, aclarando que “ Debemos entender que los animales no nos fueron dados o fueron hechos para nosotros y para servirnos sino que fuimos hechos para servir a la creación y asegurar su conservación”. La iglesia de Jerusalén, encabezada por Santiago mantuvo el vegetarianismo como un principio durante varios siglos, y un hoy lo preserva la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Antes de la Biblia,

Los Vedas, antiguas escrituras de la India consideró el sacrificio animal como una violación del principio de Ahimsa  (“compasión dinámica”), y condenó a los carnívoros por sus pecados a ser “devorados por las mismas criaturas que han matado en este mundo”, por la gula y la crueldad, y los Jainistas, otro grupo religioso indio, para no causar daño a las criaturas de la tierra, al caminar, utilizan una especie de bastón para apartar los bichos pequeños del camino, como las hormigas, para no pisarlos. Practicaban el vegetarianismo también los maniqueos (Persia, s. III), y sus seguidores europeos, los cátaros.

Cierto que algunos animales comen a otros, sin embrago ellos carecen de capacidad de tomar decisiones y nosotros sí.

Los cristianos vegetarianos aseguran que el relato del milagro de la multiplicación no incluía los peces. «¿Cómo vamos a hallar bastantes panes para alimentar a tanta gente?», preguntaron los discípulos a Jesús, sin mencionar los peces. Señalan también que, si bien para la cena pascual se solía servir cordero con ensalada, pan, la jaroset (una mermelada ritual hecha con higos, dátiles, pasas, manzanas, almendras, canela y vinagre) en la Ultima Cena estaban presentes dichos alimentos, pero no el cordero.  Tener que argumentar que los animales no son recursos, demuestra nuestra decadencia moral y nuestro fracaso en el diseño de una convivencia harmoniosa con el resto de animales del planeta.

Parar los protectores cristianos de animales, el ultimo sacrificio fue la vida del propios Jesús.

Es posible que los sacrificios animales sustituyeron a los sacrificios humanos, pero también esto fue un pretexto de los dirigentes religiosos en autorizar comer carne animal. Pues, el rechazo al canibalismo entre los seres humanos es sólo un acuerdo social. En Libro de los Reyes (6:28-29) se narra la denuncia de una mujer a otra por romper su promesa de cocinar a sus hijos para comerlos. Ahora, en vez de comer a nuestros niños, comemos a los hijos de otros animales: un “cordero lechal”, un “cochinillo”.

 

Por empatía y por compasión

 

Uno de los días que Rabi’a Basri, una sufí del siglo VIII, paseaba en compañía de animales en el bosque, se encontró con un beato. De repente, los animales se echaron a correr.

 “-¿Por qué huyen de mí? Pregunta un hombre ofendido.

-“Dime ¿Qué has comido hoy?”, responde ella.

- “Carne asada”.

”- ¿Y quieres que no huyan de ti!”, le advirtió la sabia.

La matanza indiscriminada de los animales también tiene lugar entre los fieles judíos y musulmanes. Hafez Al Masri, teólogo indio que ejercía de Imán (1964) en Gran Bretaña y autor de varios libros sobre los derechos de animales en el Islam afirmaba que por el simple hecho de que el propio Corán exige el respeto a los animales como seres iguales a los humanos ante Alá, se debería impedir la ingestión de la carne.

Sin embrago, al igual que los místicos del Islam se abstienen de hacer daño a otras criaturas de la tierra, y por ende, de comer cuerpo animal, los judíos que practican el “no matarás y no comerás ni sangre ni carne muerta” afirman que la carne nunca puede ser kosher, ya que es imposible eliminar la sangre de los vasos pequeños.

No nos debe sorprender que el menú del cielo de las tres religiones abrahámicas entre sus manjares no incluya carne de los animales. El paraíso (término persa que significa «Jardín amurallado») fue diseñado por la diosa sumeria Innana para el descanso eterno y feliz de los seres humanos, quienes se alimentarían de la fruta de los árboles. La Dama del Universo sabía que sería insostenible mantener un lugar paradisiaco para miles y miles de millones de almas salvadas sin una cósmica ganadería industrial donde un numero infinito de animales apresados allí generarían tantos gases de efecto invernadero que lo convertirían el cielo en un infierno.

 

Por el sentido común y salvar la Tierra

Para producir un kilo de carne se necesita 1.000 litros de agua mientras un kilo de cereal precisa sólo 40 litros. Además, cerca del 40% de la cosecha mundial de cereales se destina a unos 45.000 millones de animales de granja que son artificialmente creados, criados y luego matados para alimentar a la parte (pudiente) de la población, mientras cada día mueren de hambre unas 100.000 personas.

Sólo en EEUU, cada año unos 22 millones de pavos son enviados a la cinta eléctrica para la llamada “acción de gracia”, a la vez que se masacra a unos 4 millones de zorros y visones para abrigos de pieles, a 4 millones de cerdos y corderos, y buena parte de los 6 mil millones de pollos que se comen al año, y arrancan unos 30 millones de árboles, destruyendo ecosistemas, llenando los vertederos, y arrastrando la ética e inteligencia humana por los suelos.

Frente a esta decadencia moral del ser humano animada por un brutal consumismo (responsable de tirar a la basura ingentes toneladas de esta misma carne), además de incluir la ética en nuestra dieta y pensar en el sufrimiento de los animales que comemos, hay que trabajar la conciencia ambiental.

El especismo (que coloca los intereses de una especie sobre otra de forma injustificables), de) está ligada al racismo y al machismo que también afirman la superioridad de unos seres humanos sobre otros.

 Estas personas, con su brillante trabajo han mostrado que sentir empatía con los animales no humanos, y defender su derecho a una vida digna, no afecta a la inteligencia ni a la salud: Pitágoras, Platón, Sócrates, Albert Einstein, Miguel Ángel, Leonardo Da Vinci, Leo Tolstoy, Jean-Jacques Rousseau, José Mujica, Jane Goodall, o Martina Navratilova.

Los animales, los seres más perseguidos y asesinados de la historia por el ser humano, no son “recursos” ni deben ser nuestr