Nazanin Armanian  de 2019, a 8 de abril

IGADI (Instituto Galego de Análise e Documentación Internacional

En castellano

El 8 de abril del 2019, la Administración Trump dio un paso cualitativo en su confrontación con la República Islámica de Irán (RII): designar a “Sepah-e Pasdaran-e Enghelab-e Eslamí” «Los Guardianes de la Revolución Islámica» (GRI) como organización terrorista extranjera colocándole al lado de Daesh, las FARC o el PKK. Es la primera vez que EEUU incluye la fuerza armada de un estado en su lista de grupos terroristas. Que la decisión se anunciara dos días antes de las elecciones parlamentarias de Israel, y justo cuando las encuestas cuestionaban la reelección de Benjamín Netanyahu, quien suele centrar su campaña en el miedo al “Holocausto preparado por la RII”, no fue ninguna casualidad: Netanyahu agradeció a Trump, y presentó la medida como el fruto de sus esfuerzos contra los ayatolás. ¡Y ganó las elecciones! El argumento de Trump es que los GRI “promueven activamente el terrorismo como una herramienta del Estado”, y financiar el grupo chiita libanés Hizbolá «El Partido de Dios», fundado por la RII en 1986, cuyo fin inicial fue recuperar las tierras “islámicas” ocupadas por los judíos.

Con esta orden,  los efectivos de este cuerpo serán objetivos de los ataques de EEUU en Siria, Irak, Líbano y sobre todo en el estrecho de Ormuz, cuyas aguas están bajo el control de las fuerzas marinas del de los GRI. Creados en 1980 a petición del  propio Ayatolá Ruholá Jomeini (1902- 1989), debido a la desconfianza que sentía hacia la lealtad de los generales del ejercito clásico (basado en el servicio militar obligatorio), y a pesar de que el Pentágono les había recomendado ponerse al servicio del mandatario islamista.

Los GRI, son un ejército compuesto por hombres y mujeres practicantes de la religión islámica-chiita (y por ende, cerrado a otros ciudadanos pertenecientes a otros creados o a ninguno), y cuya misión constitucional (artículo 143) consiste en defender la RII, mientras se asigna al ejército «Artesh» el deber de proteger las fronteras del país; un estatus que ha coloca a los GRI por encima del ejército, permitiéndoles incluso formar unas  Fuerzas Terrestres, una Armada y una Fuerza Aérea paralela. Esta milicia pretoriana  ha participado activamente en la expulsión de las tropas de Irak en su invasión a Irán (1980-1988), ha aplastado la totalidad de la oposición, desde -la monárquica hasta la marxista-, así como las protestas de los ciudadanos en favor de la democracia política y económica; cuenta con prisiones propias y una decenas de organizaciones destinadas al control social, entre las que se encuentra el Gasht-e Ershad  «Patrulla de orientación», para “Divulgar el bien y prohibir el mal", vigilando a las mujeres y hombres del país para que cumpliesen las normas morales de la Sharia. Los GRI han sido más que la principal herramienta de la RI en imponer la teocracia totalitaria y este peculiar nacional-islamismo:  son un poderoso cartel que controlan gran parte de la economía (desde la industria de petróleo, la minería, la construcción hasta los clubs de futbol) y la política exterior del país. Es por ello que, el Departamento del Tesoro de EEUU ha subrayado que sancionarían a las empresas extranjeras que tratasen con las compañías vinculada con los GRI.

Por su parte, los GRI han anunciado que perseguirán a las tropas de EEUU en la región como lo han hecho con el Daesh. En la aplicación de “Ojo por ojo” y para dar una cobertura legal a posibles acciones de los GRI, el parlamento de la RII aprobó un proyecto de ley que incluye al Mando Central de los EEUU (CENTCOM), en su propia lista de grupos terroristas, y autoriza al gobierno a tomar medidas para contrarrestar los “actos terroristas de las fuerzas estadounidenses que ponen en peligro los intereses de Irán”, así como contra aquellos estados que han respaldado la orden de Trump, en referencia a Israel, Arabia Saudita y Bahréin. Los legisladores han dado un plazo de tres meses a la agencia de inteligencia iraní para que proporcionara una lista de todos los comandantes de CENTCOM en la región al poder judicial de Irán para procesarlos como terroristas. La reacción de EEUU no hizo esperar: el 6 de mayo envió el portaviones nuclear USS Abraham Lincoln y una unidad de bombarderos al Golfo Pérsico como un mensaje claro: que “cualquier ataque a los intereses” de EEUU o a sus aliados” regionales se enfrentará con “una fuerza implacable”, afirmó el Asesor de Seguridad Nacional de EEUU John Bolton, dueño de la famosa frase de “Para detener una bomba iraní, Bombardear a Irán".

Semanas antes, el 22 de abril, la Administración Trump  anunció que no renovaría la exención de sanciones que otorgó a ocho países compradores del petróleo iraní (China, India, Turquía, Japón, Corea del Sur, Taiwán, Grecia e Italia), y los comparadores del curdo iraní serían sancionados por parte de Washington. El objetivo anunciado es "expandir la campaña de máxima presión económica contra Irán" y llevando a sus exportaciones a cero.

Y eso no es todo: el 4 de noviembre del 2018, Trump impuso unas 700 sanciones contra el sector petrolífero, y también sobre  la banca iraní , cortado su conexión con el sistema financiero mundial(SWIFT), como resultado de la retirada unilateral de su gobierno del acuerdo nuclear firmado entre Irán y las seis principales potencias mundiales en 2015. El pacto del desarme nuclear de Irán, adolecía para Donald Trump de dos defectos principales:

1.      Permitía a Irán la posibilidad de fabricar armas nucleares a partir del 2025. ¡Debería prohibírselo hasta el final de los tiempos! Mientras a Trump le roba el sueño de una posibilidad remota en el futuro, ni cuestionó la ilegalidad de las bombas nucleares de Israel, India y Pakistán, quienes ni siquiera han firmado El Tratado de No Proliferación Nuclear.

2.      No incluye el programa de misiles balísticos de Irán. La razón es que la resolución 2231 del Consejo de Seguridad, conscientemente, desvinculó el acuerdo del programa de misiles, justamente para conseguir algo más grande de Irán, sin hacerle sentir humillado: su renuncia a las armas nucleares.

Irán ha cumplido su parte, no así EEUU, y lo confirman tanto la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) de EEUU como la Agencia de Energía Atómica de la ONU, que han confirmado la inexistencia de dicho programa a partir del 2015. Aunque para un país que se ha autootorgado una “excepcionalidad” casi divina, y considera que un acuerdo debe ser una rendición total, la legalidad internacional es de menos.

A pesar de que el actual presidente de EEUU insiste en que busca de Irán un nuevo acuerdo, los dos hombres fuertes de su gobierno John Bolton y el Secretario de Estado, Maike Pompeo, le contradicen: el objetivo es el “Regime change, aunque sea vía militar, aunque, como veremos más adelante, tampoco revelan su verdadera intención.

El 21 de mayo del 2018, Pompeo anunciaba los 12 mandamientos redactados por EEUU dirigidos a Teherán: si los acepta le dejará vivir, si no le convertirá en un pilar de sal. Entre sus exigencias: poner fin a sus programas nucleares y de misiles, retire sus fuerzas de Siria, detener sus políticas desestabilizadoras en Irak (¡y lo dice un país que destruyó este estado con un pretexto fabricado!), Afganistán y el Golfo Pérsico, y cesa su apoyo a grupos armados como Hizbolá, Hamas y los hutíes, si no los cumple “Les aplastaremos”, “no permitiremos que…”, o “El régimen iraní debe saber que esto es sólo el comienzo“, son parte de términos y el tono que ha usado en el documento quien, obviamente, no pretende negociar. ¡Sólo no le pidió renunciar a su fe chiita para abrazar el evangelismo! A toda luz, lo que busca es que sea la RII quien dispare la primera bala.

Bolton fue embajador de George W. Bush ante la ONU y es uno de los fabricantes de las “Armas de Destrucción Masiva” de Irak, y por ende uno de los responsables de la invasión militar de EEUU y una treintena de sus aliados a la vida de 23 millones de iraquíes en 2003, cuyas consecuencias las siguen sufriendo aun hoy.

“Todas las naciones de conciencia deben trabajar juntas para aislar a Irán”, dijo Trump, cuando, al contrario de todos los presidentes de EEUU,  realizaba su  primer viaje oficial a  Arabia Saudí primero y a Israel después,  El autor de la frase “America First” disparaba en el propio pie, dando la prioridad a los intereses de dichos países antes que a los de EEUU, contra un Irán que estaba dispuesto reconciliarse con el Gran Satán: llegó a firmar un acuerdo de compra de 118 Airbus a Boeing, que Trump congeló.

A partir de este momento,  se forma lo que ell gobierno iraní llama “El Equipo B”  de los iranófobos: Bolton-Benjamín (Netanyahu)- Bin Salman Saudí y Bin Zayed (emiratí).

Irán no podía representar una amenaza si en 2017 su presupuesto militar fue  de 14 mil millones de dólares, frente al de Arabia Saudí,  76.7 mil millones, y el del Pentágono 716.000 millones de dólares. o hace falta buscar el presupuesto militar de Israel: basta sólo pensar en sus 140-200 cabezas nucleares.

La novedad en la política petrolífera de EEUU

Para el Trumpismo, que se basa en la burguesía nacional de EEUU,  la clave de mantener el estatus de superpotencia del país, se basa en dos pilares:

  1. El poderío militar de EEUU, y
  2. Dar la prioridad a dominar el mercado de energía, más que adueñarse de los recursos naturales de otros pueblos (como pretendían otros presidentes de EEUU, salvo Barak Obama). El motivo es que EEUU desde el segundo mandato de Obama se ha transformado de un importador neto de petróleo y gas a un incipiente exportador. Trump ha incentivado a las empresas estadounidenses a extraer los inmensos recursos fósiles -carbón, petróleo y gas-, del propio país y no para conseguir la independencia energética, sino ocupar el mercado de los rivales y hacer que todo el mundo dependa de EEUU. Así, aumentó su producción petrolera a 10.7 millones de barriles de petróleo al día (mbpd) en 2017, un crecimiento cercano al 40% desde 2010, gracias al  desarrollo de la técnica de fracking. De allí las políticas de Trump  dirigidas a expulsar a los principales exportadores mundiales de gas – Irán, Rusia y Qatar- del mercado, con el fin de captar a sus clientes. Barak Obama ofreció el gas de EEUU a Europa, tras imponer sanciones al gas ruso en 2014. Tel actual presidente asegura  que venderá “millones y millones de toneladas métricas carbón” a los ucranianos.

Por lo que a un hombre de negocios como a Trump no le interesan las invasiones militares que ponen en peligro el negocio, aunque la política exterior de EEUU obedece más a las voluntades del llamado “estado Profundo” y los lobbies que a los representantes visibles del estado. Hoy, el dúo Bolton-Pompeo representan a dichos sectores tenebrosos de la política estadounidense.

La imposición de las sanciones al petróleo iraní (y venezolano) sucede cuando Libia, otro miembro de la Organización de Países Exportadores de Petróleo  (OPEP), vive una crisis política que afecta a sus exportaciones. A estos hechos se añaden la realidad de que Arabia saudí no será capaz de enviar barriles adicionales al mercado más allá de algunos meses, o que las refinerías de los países importadores están adaptadas al tipo de petróleo de sus proveedores tradicionales, por lo que el embargo del petróleo iraní  tendrá los siguientes impactos:

. Provoca la inestabilidad de los precios del crudo. El barril de Brent, referencia en Europa, cerró con un aumento del 2,9 por ciento, situándolos en 74,04 dólares, un nivel que no se alcanzaba desde noviembre de 2018.

. Sobre la propia economía de EEUU, que sigue siendo un comparador de petróleo, aunque beneficie a algunos de sus productores del "shale oil". De hecho, para conseguir que  Arabia Saudí  aumentase su producción con el fin de  bajar los precios, Trump  utilizó el “caso de Khashoggi”: el 5 de julio y  cuando el barril llegó a costar unos 85 dólares, el presidente de EEUU ordenó a los Saud: “¡Bajad el precio del petróleo ahora!” a la que Riad se negó, puesto que necesita los petrodólares para las obras faraónicas de la “Visión 2030” del Príncipe heredero Mohammed Bin Salman. El 2 de octubre, el periodista saudí opositor Jamal Khashoggi es secuestrado, aunque EEUU y Turquía ocultan que también había sido asesinado, mientras en secreto extorsionan a Riad. El 3 de octubre. Trump amenaza al rey saudí: “Podría no estar [en el cargo] en dos semanas”. Y así, en la víspera de las elecciones parlamentarias del noviembre del 2018, consigue por fin hacer descender los precios a de los 80 dólares el barril a 68.

. Sobre el triunfo del propio Trump en la reelección del 2020 porque elevaría  los precios de la gasolina para los consumidores estadounidenses, a pesar de que EEUU ha conseguido el compromiso de Rusia y RAS de reponer los 2, 5 millones de barriles del petróleo iraní, difícilmente podrán cumplirlo más allá de unos cuantos meses.  Teherán se siente traicionado por Moscú, aunque Putin nunca dijo que sacrificaría los intereses por nadie.

. Ha provocado la protesta de China, el primer comprador del petróleo iraní,  y la India, el segundo importador del crudo iraní, y el tercero del mundo.

. Sobre las relaciones de EEUU con Turquía: le está forzando a Ankara  comprar hasta el 60% de sus necesidades energéticas a las compañías estadounidenses que operan en el Kurdistán iraquí.

La Administración Trump pretende aplicar unas sanciones que serán peor de las que Bush aplicó a Irak dentro de la formula Alimentos por petróleo,  por lo que le autorizaba vender su petróleo, a cambio en vez de recibir dinero, importaba los alimentos en muchas ocasiones caducados, de otros países, incluido EEUU. Como resultado, murieron cerca de dos millones de personas, entre ellas medio millón de niños y niñas, entre 1991 y 2013.

Para el Secretario General de la OPEP,  Mohammed Sanusi Barkindo, es imposible expulsar al petróleo iraní del mercado.  Pero, aunque Irán pueda mover hasta 450.000 bpd "fuera de la red" y del control de EEUU, su problema es cómo cobrarlos, estando desconectado del sistema bancario internacional. Le plan del gobierno iraní, que es  reemplazar el SWIFT por la alternativa rusa el SPFS, aun no se ha realizado.

EEUU pretende  quedarse con los clientes de Irán. De hecho, el mismo comunicado que impone las sanciones petrolíferas a Irán, agrega que, a partir de ahora, el suministro de petróleo será asumido por "tres de los grandes productores de energía": EE.UU. y sus aliados, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos.

La permanencia de los ayatolás en el poder depende de la renta del petróleo. Los GRI han amenazado  “cerrar” el Estrecho de Ormuz, una ruta de transporte vital que une a los productores de petróleo de Oriente Medio con los mercados de Asia, Europa y América del Norte, y si no pueden exportar su crudo, nadie podrá hacerlo.

 

El Ormuz fue una de las rutas de seda, especias y perlas. En el siglo XVI, el portugués Alfonso de Albuquerque la invadió y ocupó sus islas. Luego llegaron los británicos y franceses y, hoy es EEUU quien pretende colonizarla. El canal que lleva el nombre la divinidad iraní del mazdeísmo la Ahura Mazda (Hormozd), representante de la sabiduría, luz y bondad es el más importante del mundo: lo cruzan cada día 14 petroleros, transportando 18 mbp del petróleo de los países del Golfo Pérsico y el gas licuado de Qatar a los mercados internacionales.

Este “Cuello de botella” conecta a Arabia Saudita, Irán, Irak y Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Catar y Kuwait (dueños del cerca de 60% del crudo mundial) con las aguas libres. De los 18 millones de barriles -el 30% del petróleo comercializado del mundo-, que salen por sus puertas, el 85% se queda en el mercado asiático: China, India, Japón, y Corea del Sur. EEUU el 17% y Unión Europa el 31% del petróleo que consumen, lo adquieren de esta zona.

Desde el punto de vista del Derecho Internacional, el Estrecho de Ormuz pertenece a Irán y Omán. La Convención de la ONU sobre el Derecho del Mar (1982) lo considera un pasaje internacional al ser la única puerta que conecta los países del Golfo Pérsico al mar libre, por lo que no exige a los submarinos a salir a la superficie para mostrar sus banderas a los dos países, posibilitando que los sumergibles nucleares de Francia e Israel pasean libremente por este golfo. Esta Convención no autoriza a Irán y Omán la posibilidad de suspender el “derecho de tránsito” internacional, ni en tiempos de guerra, aunque sí podrían controlar el tráfico e inspeccionar o confiscar los barcos comerciales. Pero, cerrar el estrecho es igual de ilegal que imponer sanciones económicas y asesinas a toda una nación.

Como medida disuasoria, el Pentágono ha enviado tres de sus 11 portaviones al Golfo Pérsico y XXX: Stennis, Lincoln, Enterprise y Eisenhower, además del buque USS Ponce (una base flotante), ocho dragaminas Sea Fox y aviones de combate F-15C y F-22 que se suman a sus 250.000 efectivos, repartidos en una treintena de bases militares que rodean Irán por los cuatro costados.

CENTCOM, que en Qatar está poniendo a punto una estación de radar para la defensa antimisiles (hay otros dos, en Israel y Turquía), coordinará sus actividades con las de la Quinta Flota estacionada en Bahréin, el Mando Central de su ejército en Qatar, la base aérea británica en Omán, y la francesa en Emiratos Árabes.

El objetivo de tal despliegue es aplicar la doctrina Carter (1980) que autoriza el uso de la fuerza militar para mantener el control de EEUU sobre el petróleo del Golfo Pérsico. ¿Se imaginan una doctrina Maduro, Putin o Xi que declarase de interés nacional para sus países las aguas de EEUU?

En Teherán, mientras, el debate gira en torno a la posibilidad, la conveniencia y el cuándo del cierre del estrecho.

Los países de la región, se preparan para lo peor, esquivando el Golfo Pérsico: Emiratos Árabes ha inaugurado el Oleoducto Hashan-Fujairah en el Mar Arábigo; Qatar construye una terminal desde Iraq hasta Turquía; Arabia Saudí ya envía petroleo desde Abqaiq al Mar Rojo, y provee la reapertura de un viejo conducto Irak- Turquía. Los jeques saudíes sueñan con transportar el fuel hasta el Mediterráneo vía Siria una vez que consigan derrocar a Assad.

 

Configurar el Nuevo Oriente Próximo

La caída en 1978de la poderosa monarquía de Mohammad Reza Pahlavi, apodada “gendarme del Golfo Pérsico”,  y la principal aliada de EEUU en la región, coincide con la toma del poder por los comunistas en Afganistán y en Granada y de los sandinistas en Nicaragua. Un mapa bastante terrorífico para que un EEUU recién huida de Vietnam empezara a diseñar una ofensiva que consistirá en:  

1.Utilizar a la religión contra la “atea” Unión Soviética y el avance de las fuerzas progresistas en los países más estratégicas del mundo. De allí, que en 1978 coinciden “por casualidad” tres acontecimientos en tres fronteras de la URSS.

a)  El ejército multinacional de mercenarios “yihadistas”, creado por el asesor de seguridad del presidente Jimmy Carter, Zbigniew Brzezinski (como lo reconoció en una entrevista con la revista francesa Le Nouvel Observateur, el 21 de enero de 1998), invaden La República Democrática de Afganistán desde Pakistán con el objetivo de derrocar al presidente Mohammad Nayib, e instalarse en las fronteras centroasiáticas de la URSS.

b)Los entonces G4, formado por EEUU, Reino Unido, Francia, y Alemania en su cumbre celebrada en la isla mejicana de Guadalupe, llegan a un acuerdo con los representantes de ayatolá Jomeini, para apoyar su proyecto nacional-islamismo a cambio en contener a las fuerzas marxistas “prosoviéticas” iraníes. Jomeini se traslada a Francia y tres meses después de una fuerte campaña en su favor en los medios de comunicación occidentales, es trasladado a Teherán por un Airfrance escoltado por los F-4 Phantom.

c)       En un tercer país vecino de la URSS, Polonia,  respaldó a Lech Wałęsa y su sindicato anticomunista de Solidaridad, mientras elevaron al puesto del Papa al cardenal polaco y el férreo anticomunista Karol Wojtyła en el Vaticano con dos objetivos: 1) derrocar el socialismo en los países cristianos del espacio soviético, y 2) perseguir la Teología Cristiana de Liberación en América Latina.

2)      En 1980, Henry Kissinger elabora  la doctrina Doble Contención (Dual Containment Policy), según la cual EEUU debía impedir el desarrollo de Irak e Irán a beneficio de la hegemonía de Israel, como medida de garantizar los intereses de EEUU de la amenaza de posibles revoluciones democráticas. Así que, incita a Irak a invadir a Irán para que ambos países se destruyesen mutuamente durante ocho largos años (1980-188); después y a partir de 1991 someterá a  Irak a una continua destrucción, hambre y lenta muerte, para asestarle el golpe final en 2003. Una vez convertido en ceniza el país mesopotámico, ahora le toca “contener” a Irán.

3)      A partir de la desintegración de la URSS en 1991, y la declaración del Nuevo Orden Mundial por George Herbert Walker Bush, el padre, desde el portaviones instalado en el Golfo Pérsico que destruyó Irak, la política de EEUU será reconfigurar el mapa del mundo ya sin rival (¡eso pensaba!) y a medida de sus intereses 4) El proyecto del “Nuevo Oriente Próximo”(NOP) lanzado por la secretaria de Estado estadounidense Condoleezza Rice del gobierno de George Walker Bush, el hijo, presentada al mundo en junio de 2006 en Tel Aviv, está basada en los siguientes pilares, que serán descubiertos sobre la marcha: a) eliminar a los rivales de Israel, b) debilitar los poderosos estados y convertirlos en microestados-colonias, y c) desmantelar los sistemas seculares para implantar teocracias, debido a  que el capitalismo religioso tiene más capacidad de impedir el progreso de los pueblos: Siria, que lleva en guerra desde 2011, es el último estado semilaico de la región.

Aislando a Irán, también EEUU pretende impedir tanto el desarrollo de la Ruta de la Seda Rusa China, como el Corredor de Transporte Norte-Sur (INSC) que uniría Rusia con Irán, India, y el Océano Índico, así como evitar la construcción del oleoducto Irán-Pakistán-India, por ser rival del proyecto estadounidense del gasoducto Transafgano (que ha sido uno de los motivos de la ocupación de Afganistán por la OTAN).

El control del petróleo y gas de Oriente Medio, que suma el 60% de las reservas mundiales,  y poder vigilar a Rusia y China desde cerca son dos principales motivos del regreso de EEUU al colonialismo, ocupando militarmente esta región, ya que desconfía de la capacidad de los regímenes clientes en poder salvaguardar sus intereses sin sobresaltos. Que fuese en la base militar de la OTAN en İncirlik  donde  se organizara el golpe de estado del julio del 2016 contra el presidente Tayyeb Erdogan, o la amenaza directa de Trump a la monarquía  de al Saud, reflejan este  enfoque.

Irán, así se sitúa en el centro de mira de Washington. El país, de 1 648 195 kilómetros cuadrados, unos 81 millones de habitantes , una sociedad desarrollada y propietaria de la primera reserva mundial del gas y la cuarta del mundo, había realizado en el siglo XX  tres grandes movimientos populares para establecer una democracia política y económica: la Revolución Constitucional del 1905-11; el movimiento de nacionalización de petróleo del 1951-53 y la revolución del 1978,  y ninguna  consigue sus objetivos, no solo por la dura resistencia de las fuerzas reaccionarias, sino también por la injerencia de las potencias imperialistas en este estratégico país.

Desde la caída del Sha de Irán, Washington se ha volcado en fortalecer a Israel, como su principal base de defensa de sus intereses.

En esta línea, y del mismo modo que la guerra liderada por EEUU contra Irak, entre 1991 y 2003 , no tenía el objetivo de derrocar al régimen débil  y exhausto  de Saddam Husein (recién salido de una guerra de ocho años con Irán), sino desmantelar uno de los poderosos países árabes, tampoco la agresión de la OTAN en 2011 a Libia por eliminar a Gadafi. La Alianza Atlántica no pretendía un “cambio de régimen” en este país, cuyo mandatario tras lo sucedido en Irak (que hizo de Pedagogía del Terror), había dado un giro de 180 grados hacia Occidente: renunció a las armas de destrucción masiva (y se desarmó), cooperó con la CIA y el MI6 en la supuesta lucha antiterrorista de EEUU en la región, reabrió la embajada de Washington en Trípoli, dejo entrar a petroleras como Chevron, BP, TOTAL, Agyp y Repsol,  pagó unas cuantiosas indemnizaciones a las familias de las víctimas del atentado de Lockerbie,  financió la campaña electoral del candidato de derecha francesa  Nicolas Sarkozy en 2007 con 50 millones de euros y regaló, como guinda, un caballo de dos millones de euros a José María Aznar, mientras firmaba una compra de armas españolas por el valor de 3,83 millones. Lo que buscaban los occidentales era el dominio total sobre la primera reserva del petróleo de África, y convertir Libia en la base de Africom, el Comando de EEUU para Africa, continente con inmensos recursos naturales donde China avanza con firmes pasos y con la estrategia de “acupuntura” en vez de los “ataques quirúrgicos” estadounidenses.

En cuanto a Irán,  la enemistad entre la RI y EEUU no se debe a la naturaleza “antimperialista” de esta teocracia. De hecho, sus relaciones con Francia, Alemania, Jpón, Gran Bretaña o España son normales.

Incluso durante el reinado del Sha Mohammad Reza Pahlaví (1941-1979), EEUU no consiguió avasallar una nación que fue el primer imperio del mundo. En 1962, el gobierno de J.F. Kennedy planeó un golpe de estado contra El Sha por sus buenas relaciones con la Unión Soviética, según un documento desclasificado por EEUU en 2014. El propio monarca, una vez exiliado en 1979 , llegó a acusar a Washington de propiciar su derrocamiento y ordenar al ejército que en vez de proteger a su dictadura jurase fidelidad a ayatolá Jomeini.

El recelo de los ayatolás hacia Washington tampoco se debe al golpe de estado del 1953 de la CIA contra el gobierno del Dr. Mosaddeq, el promotor de la nacionalización del petróleo iraní. La mayoría de los ayatolás le odiaban con la misma intensidad que EEUU: ambos le acusaron a Mosaddeq de ser comunista, a pesar de que aquel buen hombre nunca legalizó al partido comunista, el Tudeh. De hecho, Jomeini en 1980 mandó prohibir al mosaddequista Frente Patriótico de Irán y detener a sus seguidores.

En el caso de Irán, tampoco se trata de su régimen y su naturaleza, sino del propio país:  Un Irán grande y poderoso, con inmensos recursos naturales y ubicado en un espacio sumamente estratégico, siempre sería un desafío: romperlo en líneas étnicas (grupos que componen el 60% de la población) es una de las principales ideas de EEUU, que ya ha desintegrado a Yugoslavia y Sudan, y ha separado el Kurdistán iraquí de Bagdad, dotándole de parlamento, ejercito, y facultad de hacer contratos petrolíferos con otros países; los planes para dividir a Siria están encima de la mesa del Pentágono: En 2015, en una entrevista con New York Times, Bolton propuso la división de Irak y Siria entre EEUU, Israel y estados "árabes amigos" como Arabia Saudita, y  firma  que "restaurar los gobiernos iraquíes y sirios en sus fronteras anteriores es un objetivo fundamentalmente contrario a los intereses de EEUU, Israel y los estados árabes amigos".

Un Oriente Próximo compuesto por pequeños estados -como Bahréin, Qatar, Omán- es lo que sueña el “establishment” de EEUU, más allá de sus presidentes. La ‘demócrata’ Hillary Clinton también dijo en 2015 que si llegaba al poder “demolería Irán”.

De hecho, el principal objetivo de la guerra de Israel-EEUU contra Siria no ha sido eliminar a Bashar al Asad, sino romper el llamado Eje de Resistencia contra Tel Avive, compuesto por Irán-Siria-Hizbolá y Hamas, y desmantelar el único aliado de Teherán en la región. De hecho, Barak Obama al negarse a derrocar a Asad, (y teniendo en cuenta que tanto la CIA como el Mosad, podrían haberle eliminado en uno de sus “asesinatos selectivos”) convirtió a Siria en un pantano para desgastar a Rusia, Irán, Turquía y Arabia saudí.

Fue en los años ochenta y cuando la RII e Israel se amenazaban mutuamente, ayatolá Jomeini llegó a un acuerdo con Hafiz Al Asad (1930-2000), para que a cambio de una suculenta ayuda económica, autorizase el uso de sus bases militares por Irán, en caso de una guerra con Israel: pues, los misiles de Israel alcanzan el territorio iraní, pero los de Irán, además de su escasa capacidad destructiva (son los que Hamas o Hizbolá disparan a Israel cuando son atacados) carecen de un alto alcance.  Hoy, la RII ha perdido a Siria. A demás, el compromiso de Rusia (principal actor del escenario bélico de Siria) y China con Israel y su presión a que Irán saliese de Siria, así como cerca de 200 bombardeos de la aviación del estado judío sobre miles de milicias proiraníes que combaten contra los “yihadistas sunitas” defendiendo al gobierno de Bashar al Asad, ha colocado a Teherán en una situación grave: no puede abandonar este país, ya que perdería la última barrera de la defensa de Irán frente a un ataque israelí, pero tampoco puede quedarse, por las presiones de las potencias, a las que se han sumado las sanciones que reducen drásticamente los ingresos del estado y el poder para financiar a estas milicias: Y esto ha sido justamente el plan de Obama.

El secretario de Estado Mike Pompeo, un cristiano evangélico, ha llegado a afirmar que Trump pudo haber sido enviado por Dios para proteger a Israel de Irán. Él, junto con el vicepresidente Mike Pence y otros evangélicos que trabajan con la administración Trump, apoya los reclamos religiosos de Israel sobre Jerusalén y el resto de Palestina, e invoca textos bíblicos para explicar la política de Estados Unidos hacia Irán y la región. El choque de fanatismos religiosos, reales o usado como pretextos, es uno de los rasgos del actual conflicto en el tenebroso escenario bélico de Oriente Próximo. Se dice que “la arrogancia engendra desprecio, y la arrogancia religiosa engendra conflicto”.

 

Rusia y China no salvarán a Irán

 

A pesar de que hace varias décadas que la URSS ha sido reemplazada por una Rusia capitalista, muchos estados, grupos y personas aún esperan que los actuales inquilinos de Kremlin tengan una postura parecida a los soviéticos ante los desafíos del mundo, como por ejemplo, enfrenarse a EEUU en la defensa de los estados agraviados por el imperialismo. Sin embargo, para los nuevos mandatarios de Moscú, EEUU es un socio, y a veces un rival, pero no enemigo. Después del fin de la URSS, no hay bloques. Es la guerra de todos contra todos, con alianzas dinámicas y cambiantes. La prioridad de la política exterior ruso, por orden, es: EEUU, Europa y China y luego Oriente Próximo.  Siria y China son los estados con los que Moscú tiene relaciones estratégicas, a la vez que sus únicos socios militares son  Belarús, Kazajistán, Armenia, Kirguistán o Tayikistán, unidos en la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (La OTSC).

Rusia, incluso hoy que está en el momento más organizado de su nueva aparición,  carece de una estrategia o un modelo diseñado para Oriente próximo. La Doctrina Putin está basada en el pragmatismo y obtener beneficios inmediatos, que no en una ideología elaborada. En 2017, por ejemplo, por primera vez en la historia rusa, un rey saudí fue invitado a Kremlin. La URSS cortó sus relaciones con Riad por patrocinar el terrorismo yihadista en Afganistán en 1978. 

Vladimir Putin en calidad del presidente de Rusia necesita un Oriente Próximo (OP) estable, y el régimen de Netanyahu, en este convulso escenario, es el único que se presenta sólido. De hecho, Putin es el mandatario ruso que más ha mostrado simpatía hacia este país. La URSS cortó sus relaciones con Tel Aviv después de la guerra del 1967, mientras el presidente ruso recibió el 9 de mayo a Netanyahu como invitado de honor a la conmemoración del 73 aniversario de la victoria de soviética sobre la Alemania nazi. Su cariño es correspondido: en 2014, Netanyahu no respaldó la resolución de la ONU que condenaba a Moscú por la Cuestión de Crimea”, y desde entonces las relaciones económicas, militares y de inteligencia han ido en aumento.

También es de recordar que Rusia apoyó las sanciones contra la nación iraní, propuestas por Bush y Obama en el Consejo de Seguridad, y no le entregó los misiles comprados S300 (por las presiones de Israel) hasta que Teherán le amenazó a denunciarle ante los tribunales internacionales. A Moscú no le interesa el regreso de Irán a Europa, destino del 80% de los 4,4 millones de barriles que exporta al mundo. El gas iraní también podría arrebatarle a Rusia (aunque a medio plazo) no sólo considerables beneficios económicos, sino también su poder como potencia energética. El oro azul persa tiene otros rivales: EEUU y Qatar que suministran gas natural licuado a Europa. Lukoil, la petrolera rusa, ha congelado sus contratos con Irán por las presiones de EEUU.

Moscú, que vive un Luna de Miel con Israel, pidió a Teherán replegar sus milicias de Siria, ahora que los yihadistas han sido derrotados. Teherán jamás se hubiera imaginado que los siete años del esfuerzo de apuntalar al gobierno de Asad, sacrificando cientos de vidas (iraníes, libanesas, afganas, iraquíes, etc.), y decenas de miles de millones de dólares, incrementaría su vulnerabilidad en vez de su seguridad, por lo que la respuesta de Irán fue contundente: “estamos en Siria desde el 2011 luchando contra las fuerzas anti Asad, antes de que llegasen ustedes, y será Asad que no Putin quien nos pida salir”.  Pero, Asad tampoco ha renovado su confianza con Irán. Por lo que los ayatolás traicionados le han pedido desembolsar cuanto antes su billonaria deudas a las arcas públicas iraníes.

Moscú teme, y con razón, la peligrosa la agenda regional de los ayatolás, construida en torno a la rivalidad iraní-saudí e iraní-israelí o su enfoque chiita-sunita, pero que no tema la amenaza del expansionismo militarista de Israel es de pensar.

 En cuanto a China, ha sido el mayor comprador de crudo iraní, importó un total de 30 millones de toneladas en 2018, unos 586 bdp por día, siendo Irán el cuarto exportador de petróleo a China por detrás de Angola, Irak y Arabia Saudí. Ahora, después de nuevas sanciones sobre el petróleo iraní, Beijing ha reducido sus importaciones hasta una cuarta parte, a pesar de que cuenta con la capacidad y poder suficiente para ignorar las sanciones de EEUU, con medidas como estructurar las transacciones o crear empresas sin conexiones comerciales con EEUU. Sin embargo, al país del señor Xi , que afirma considerar "la asociación estratégica integral entre Irán y China como una de nuestras relaciones más importantes", no le será fácil sustituir el petróleo de Irán por otro ya que sus refinerías están diseñadas para procesar el crudo iraní, más ligero, y más rentable que el de Arabia Saudí. Los costos de producción del barril iraní son 9 dólares frente a los 19 de Rusia, o casi los 40 dólares de Alaska Adaptar sus instalaciones a otros crudos costaría a China billones de dólares. Antes del fin de las exenciones, China guardó en los tanques de almacenamiento unos 20 millones de barriles comprados de Teherán, en el puerto de Dalian.

China, al igual que Rusia, votaron las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU del 2006 y del 2007, que imponía sanciones tecnológicas y financieras a Irán si no suspendía sus actividades de enriquecimiento de uranio. En junio del 2017, Beijing rechazó elevar el estatus observador de Irán en la Organización de Cooperación de Shanghái, para convertirse en miembro de pleno derecho.

Las amenazas de Teherán en cerrar el estrecho de Ormuz han provocado el enfado de los pacientes chinos: “¡Hacer más en beneficio de la paz y la estabilidad en la región!”. Ahora está negociando con la India crear un “club de compradores de petróleo”, para acabar con su vulnerabilidad frente a los vaivenes de este mercado.

 

¿Qué hará la Unión Europea?

La Unión Europea (UE),  intenta preservar sus intereses estratégicos en Oriente Próximo, hacerse con el gran mercado iraní, y sus recursos naturales; además no le interesa que Irán, empujado pro las presiones de EEUU,  entre en la órbita de una Rusia, ni que una situación bélica provoque una carrera armamentística en Medio Oriente que conllevará a una proliferación nuclear.

Por lo que,  Bruselas ha intentado coordinar sus políticas al respecto con China, Rusia, India, y Japón y desvincular el acuerdo nuclear de otras cuestiones como los misiles balísticos, cuya tenencia es un derecho para una nación amenazada por los cuatro costados y rodeada por cinco potencias nucleares. Pero, es ingenuo pensar que la UE se enfrentará a Washington por Irán, a pesar de que ha sido perjudicada por las guerras de EEUU en Oriente Próximo. En la “Cuestión de Irán”, en realidad es incapaz  de  evitar un choque entre EEU.U e Irán. Y si debe elegir entre ellos se pondrá del lado de Trump: sus exportaciones a EEUU son 44 veces mayores de la cantidad de productos que envía a Irán.

 

Las medidas de Teherán ante el conflicto

Las nuevas sanciones han agravado la profunda y creciente crisis económica, política y social en Irán. Las medidas que el gobierno va a tomar  con el fin de minimizar el impacto de estas sanciones están lejos de reestructurar la economía, está barajando la posibilidad de volver a introducir el sistema de cupones para los productos básicos, que se usó durante la guerra entre Irán e Irak (1980-88).

El presupuesto previsto para el 2019 del gobierno del presidente Hassan Rohani está basado en la exportación de los 1,5 millones de bpd, vendidos por unos 54 dólares por barril, lo cual significa que el 33 por ciento del presupuesto de Estado depende a los ingresos del petróleo. Según el presidente de la RII, ya en enero del 2019, la situación económica actual era “la más dura en 40 años. Para el Fondo Monetario Internacional,  el crecimiento económico de Irán, que en 2017 fue  de 3.8%, puede caer en casi 10 puntos hasta el 2020, la inflación podrá superar el 40%, aumentando las dificultades de la clase trabajadora para adquirir alimentos y medicinas, en una teocracia de economía neoliberal que ha hecho casi desaparecer la clase media, enviando a cerca de la mitad de los 81 millones de habitantes del país por debajo de la línea de pobreza, según el propio gobierno.

Por si fuera poco, las inundaciones del mes de abril del 2019 afectaron a 25 de las 31 provincias de Irán, causando 76 muertos, dejando a demás a  10 millones de personas damnificadas, unas 50.000 viviendas destruidas, y miles de hectáreas de cultivos estropeadas: la factura de las pérdidas asciende a 2.000 millones de dólares.

La RII no puede justificar la desastrosa situación económica con las sanciones, ya que entre las 2015 y 2017 que fueron levantadas, la economía de mercado, santificada por la  ideología islámica, y dirigida por una burguesía compradora, enemiga de inversiones en la industria, que  ha hecho  aumentar la dependencia económica del país a las rentas del petróleo, controlado por la élite clerical-militar, que han invertido el dinero público en sus empresas de importación. Irán sufre la recesión económica más profunda de su historia reciente, con cientos de fábricas cerradas, 12 millones de parados, una inflación galopante, a pesar de que en 2017 la renta del petróleo fue de 55.000 millones de dólares, un 45% más que en 2016. Decenas de fábricas se cierran en Irán cada mes como resultado de las masivas privatizaciones de las compañías estatales iniciada en 1999, que convirtió Irán en un mercado libre para las compañías extranjeras, carente de interés en promover una economía sostenible y justa en el país anfitrión, todo lo contrario: desmantelarán lo que queda de la industria nacional iraní. Antes de las nuevas sanciones, en diciembre del 2018, el precio de la moneda nacional, el rial, se devaluó hasta un 100% de su valor.

Y al igual que en EEUU, en el establishment de Irán también hay dos principales facciones, cuya brecha se ha profundizado con la actual crisis     internacional: la primera está formada por los militares de GRI y el Caudillo (Líder Espiritual, una especie de Califa) Alí Jameneí, quien ostenta los poderes de un rey absolutista otorgados por la Constitución islámica, y la segunda la facción “moderada” del presidente Hasan Rohani y su ministro de exteriores Javad Zarif, quienes carecen de cualquier poder real gracias a la misma Carta Magna, que otorga al Caudillo la facultad de disolver el parlamento, destituir al presidente, controlar la política exterior,  la interior, la economía, etc. estos militares controlan la totalidad de los pilares de la economía del país, desde el sector de petróleo y gas (que los venden desde canales no oficiales, de forma de contrabando), hasta construcción y telecomunicaciones, y actúa como un cartel. En el cumplimiento de su misión de “mantener la paz social”, los GRI ostentan decenas de cárceles, centros de detenciones secretas, y cuentan con el derecho a irrumpir en el domicilio de los ciudadanos sin la autorización judicial bajo el pretexto de la “lucha contra el terrorismo”. son responsables de la ejecución arbitraria de miles de opositores de todos los grupos políticos, y controlan la Agencia de Información y Seguridad del Estado. También manda sobre decenas de grupos paramilitares entre ellos los Basiy (“Reclutas”, una especie de los “facios” italianos), instalados en los barrios para el control de los ciudadanos. Al sector GRI-Jameneí, y ante la grave situación interna que puede estallarse en cualquier momento, no le importaría una guerra (siempre que sea de baja intensidad) con EEUU o con otro actor regional, con el fin de exportar la crisis interna, y así acabar con las protestas de los trabajadores, que ya son imparables, bajo la cortina de humo de la “guerra patriótica” como hizo durante la guerra con Iran en la década de los ochenta: En agosto de 1988, Jomeini tuvo que poner fin a la larga, devastadora e inútil guerra con Irak, con tanta angustia que asemejó la firma de la paz con  “tomar veneno”, porque Irán había perdido a un país tres veces más pequeño. Las masivas protestas de los ciudadanos cansados de la represión, guerra y corrupción, fueron respondidas por la ejecución “aleccionadoras” de cerca de 5.000 presos políticos; la magnitud de la matanza y el temor a ser cuestionada por la opinión publica mundial, fueron el motivo por el que Jomeini lanzó el fatwa para asesinar al escritor indo-británico Salman Rushdie supuestamente por blasfemar en los Versículos satánicos, libro que el ayatolá  ni  había leído, por la simple razón de que aún no habia sido traducido aun al persa ni al árabe.  La prensa mundial convirtió esta amenaza en titulares durante meses, sin mencionar lo que estaba sucediendo en las cárceles de Irán.

En las actuales circunstancias, no se descarta la posibilidad de que los GRI, que ha creado un gobierno paralelo, realicen un golpe de estado palaciego para tomar el poder político (al estilo de los generales de Pakistán o de Egipto), justificando la acción por “la necesidad de enfrentarse al imperialismo yanqui” con más fuerza.

La amenaza de un estallido social —resultado de la profunda brecha entre los ricos y los pobres— para la RII es mayor que una agresión militar extranjera.  Es así como Akbar Welayatí, el asesor de ayatolá Jameneí, que vive en un palacete del difunto Sha, y recibe los salarios de 37 cargos, según el diario oficial de Ghanun, pidió a la población aprender de los yemeníes que “vestidos con una sábana y comiendo pan seco, luchan contra el enemigo”. Lo que de paso, manifiesta en los términos que las autoridades están pensando: una yemenización de Irán.

La lógica del “estado natural de guerra” entre los estados con la economía de mercado de Thomas Hobbs, se une a la “lucha de clases” de Karl Marx para producir una situación de extrema sensibilidad en Irán, que se prepara para el peor escenario

 

 ¿Cómo sería la confrontación?

Primero, una masiva ciberguerra: en 2010 EEUU e Israel enviaron el virus Stuxnet a dos centrales nucleares iraníes, y Teherán en 2016 paralizó los sitios web y las operaciones de 46 bancos en los EEUU y atacó las plantas petroquímicas sauditas. Es una ventaja para Irán que Trump haya eliminado el cargo de Coordinador de Seguridad Cibernética. La guerra cibernética iría acompañada por un ataque “relámpago y quirúrgico”, que solo  podrá destruir algunos objetivos militares, que no las capacidades militares y nucleares de Irán: “el bombardeo de Irán solo tomaría 2.000 ataques de aviones de combate”, ha adelantado Mike Pompeo.

 Irán por su parte ya está discutiendo en la prensa las medidas para reducir los daños de  la ofensiva de EEUU. Si no hay un ataque militar Teherán puede utilizar la táctica de “ Paciencia estratégica” y esperar que acabe el mandato de Trump. Es lo que le ha recomendado el Partido Demócrata, que intenta apartar a Trump de la presidencia a través de “Rusiagate” o  los escándalos sexuales (de allí la campaña de “Metoo” de Hollywood). ¡Quizás hay un milagro y vuelven los demócratas que están en favor de respetar el acuerdo nuclear con Irán!

Teherán, elegirá sobre la marcha, entre:  

•        Permanecer en el acuerdo nuclear, respaldado  por Rusia, China y Europa,  mientras fortalecen sus relaciones con países como India, Pakistán, Azerbaiyán, entre otros. Pues, las sanciones de Washington no significan el regreso a las sanciones impuestas por la ONU en las que participaron también la UE, China y Rusia, por lo que Irán puede seguir vendiendo su petróleo.

•        Reducir su colaboración con la Agencia de Energía Atómica que monitoriza las instalaciones nucleares de Irán.

•        Reanudar las actividades nucleares, y sin pretender fabricar la bomba atómica, volver a enriquecer el uranio por encima del 20%, y si la situación se agrava, salir del Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares.

 Lo ideal para Washington es que la política de estrangulamiento de la economía iraní provoque tensiones sociales, y también étnicas sobre un caldo de cultivo preparado por la propia RII que en un Irán cuya cerca del 60% son minoría étnicas, se ha negado a reconocer un mínimo derecho de autonomía de los kurdos, baluches, turcomenos, árabes, bajtiyaríes, entre otros. Sin embargo, habrá tensiones sociales en Irán, pero surgirán de la lucha de clases, y contra la corrupción y la represión interna, que no por estar organizadas por potencias extranjeras.  Los 12 años de sanciones impuestas a Irak, no provocaron ninguna rebelión contra Husein,  sólo mataron a cerca de dos millones de personas, y entre ellas no estaban ninguno de los mandatarios.

La Administración Trump no ha dejado ningún margen de maniobra para que la RII se rinda. Los GRI han trasladado a las milicias chiitas que habían instalado en Siria, a la frontera de Irán con Afganistán, país en el que EEUU y la OTAN poseen unas 15 bases militares

Para los iraníes, testigos de lo ocurrido en Irak, Siria y Libia, hay algo peor que una teocracia totalitaria: una larga guerra total.

Lo más graves es que se está gestando una guerra que podrá tener una magnitud inimaginable sin que hubiese un movimiento por la paz para que la impida.