Nazanín Armanian
El anuncio de Ahmadineyad respecto al aumento del enriquecimiento de uranio, es otro episodio de su táctica política de “vivir de la crisis permanente”. Con ello pretende aumentar la tensión en el clima internacional para empujar el precio de petróleo –columna vertebral de la débil economía del país-, correr una cortina de humo sobre la dramática situación de derechos humanos, y retomar el control político perdido sobre los ciudadanos.
O el proyecto nuclear pretende desarrollo para el bienestar del pueblo iraní o bien sirve para que la República Islámica se haga con ojivas nucleares que disuadan a sus enemigos. En ambos supuestos, el precio a pagar es llevar al país al borde de una guerra. Sería como aquel que pretendía calentar su casa de madera, utilizando sus puertas y vigas como leña. Israel bombardeó en 1981 el reactor nuclear de Irak, a pesar de que Saddam fuera entonces aliado de EEUU. Es que Tel Avive tiene su propia agenda en Oriente Medio.
Washington mientras prepara la opinión pública para una nueva incursión militar, promueve sanciones económicas contra Teherán que son por otro lado, saboteadas por China que es el principal socio comercial de Irán.
Para “vencer” en esta aventura, Obama necesita lidiar con Rusia. Y sobre todo con China.
Irán es para Moscú un gran mercado de armas y de tecnología, amén de una barrera de contención frente a Occidente en Cáucaso. El gobierno islámico nunca apoyó a los chechenos. Aun así, al Kremlin no le costará abandonar a un régimen de poco futuro. Será cuestión de cerrar el trato: recuperar Cáucaso y Ucrania, y que no le apunte ningún misil desde Europea Este.
EEUU puede llegar a seducir a Rusia, pero no así a China, que no sólo está presente en la industria petrolífera iraní, sino que controla el mercado persa  al que exporta desde caviar hasta alfombrillas para rezar. De hecho, contener a Irán que aplacaría las ansias de Israel, tiene el objetivo de entorpecer el avance económico chino al cortar las venas que inyectan la energía desde Irán, su segundo proveedor del petróleo, y dará al traste a la apuesta de Pekín por Irán como una palanca para influir en Oriente Medio. Pero, Pekín, a pesar de que Obama está recurriendo a la carta de Taiwán, ha rechazado la petición de Teherán a ser el socio de pleno derecho en el Tratado de Shangai que le hubiera brindado una protección militar.
¿Qué hará si crece la amenaza bélica contra Irán?
El inquietante futuro de Irán no va a decidirse en su capital, sino en Pekín.