Nazanin Armanian

Es bien conocido que distintas civilizaciones ancestrales del  mundo desde hace miles de años vienen celebrando los solsticios de verano e invierno  bajo diferentes denominaciones y formas. Sin embargo, pocos festejos han tenido una proyección mundial de envergadura como aquellos que fueron tejidos por los persas, hace unos tres mil años, alrededor del Sol, la deidad suprema de la naturaleza y hoy revividos como Navidad, aniversario del nacimiento de Jesús de Nazaret. Natividad es la traducción literal del término persa Yalda , nombre con la que fue bautizada el Natalicio del dios solar Mitra en la noche más larga del año, el primer día de Dei, primer mes del invierno, que coincide con el 19 a 22 de diciembre del calendario occidental.   Otra forma de nombrar esa fecha es Shab.e Chel.le  «noche de Cuaresma». El término procede de la antigua costumbre de los persas de dividir los dos primeros meses del invierno Dey y Bahman, en dos partes: la
gran Cuaresma, que eran los cuarenta días más
fríos, y la pequeña Cuaresma, los veinte días siguientes . A lo largo de un festejo dominado por el brillo de las velas y antorchas, los fieles daban las gracias a la naturaleza por aumentar, una vez más, los momentos de la presencia de la luz en el cielo y del calor en la tierra, derrotando al Amo de las Tinieblas y el frío.
Para esta cultura dualista, Mitra que había nacido de la virgen Anahita, patrona de las aguas puras, en una cueva, simbolizaba la Luz del Universo, era el mediador entre el cielo y la tierra y garante de la verdad, la justicia y la lealtad. Creencias que junto con sus ritos  calaron en los territorios del Imperio Romano a través de los legionarios instalados en las fronteras orientales del imperio, los cristianos perseguidos por Roma y refugiados en el Imperio persa, los esclavos
provenientes de Asia Menor, así como las relaciones comerciales y culturales entre los dos grandes civilizaciones del momento.
Culto secreto, misterioso, asociado a los guerreros, y por lo tanto masculino, tuvo una gran auge entre los militares romanos que crearon hermandades llamadas  fratres, hasta que la fascinación que despertaba este credo en aquellos territorios hizo que fuese declarada la religión oficial de Roma en 350. Así, se erguieron Mithaeum o Casa del Mitreo, cuyos restos arqueológicos aun se pueden visitar en distintas ciudades europeas, como  en Mérida (Badajoz).  Fueron en esos templos donde se realizaban el bautizo empapando la cabeza del iniciado con la sangre de un toro sacrificado,  se comía un pan redondo, símbolo de la divinidad solar,  y tomaban una bebida hecha de la sangre del animal sacrificado, mezclado con miel, agua y la esencia de Haoma, la mítica hierba alucinógena, frente a un ciprés adornado con lazos dorados; ceremonias que más adelante se celebraban los  domingos, en cuyo recuero en inglés aun se llama Sunday, día del Sol.
El profundo arraigo de este credo y sus ritos fueron la razón por la que los fundadores del cristianismo que no tenía conocimiento de la fecha del alumbramiento   de Jesús, adoptaran  el día del nacimiento del Sol Invictus, Mitra, como la Natividad.   Los padres del nuevo culto no sólo tomaron prestadas la sotana morada y el anillo de los sacerdotes mitraístas que no son otros que los Mogs, los llamados Magos de Oriente, sino que inmortalizaron el nombre de la religión que empezaron  a perseguir, poniéndolo en el gorro que lleva el Papa.

El culto al Mitra en las tierras iraníes fue reformado por el gran filosofo persa, Zaratustra, quien prohibió el taurobolium, y restituyó el lugar privilegiados que ocupaban los bovinos en  la ancestral  cultura agrícola indio-irania, prohibiendo todo el sacrificio de animales, divulgando el culto a la vida, el triunfo del Bien sobre el Mal, y de la Luz sobre las Tinieblas.
 
Los Reyes Magos , ni eran reyes ni magos
 
Por otro lado, el festejo de la Epifanía, establecida en el siglo VI, y celebrada el 6 de enero, basada en la narración bíblica del viaje de unos Reyes Magos, identificados como Melchor, Gaspar y Baltasar, desde Oriente a Belen para realzar la naturaleza divina del Niño Jesús, también es objeto de polémica. Pues, seguramente aquel viaje nunca existió, no sólo porque no hay ninguna mención por escrito ni siquiera en los relatos orales persas que testifiquen tal acontecimiento, sino también porque la iglesia mitraica estaba en lucha contra el avance del cristianismo y no iba a bendecir el nacimiento del líder de una religión rival. En realidad, aquellos tres personajes cuyos verdaderos nombres son Manucher, Garshasp y Bastavarai y que supuestamente habían emprendieron aquel viaje desde Mogan -una especie de Santa Sede en el norte de Irán, que aun guarda esta denominación-, son tres monarcas mitológicas de la prehistoria de Irán.

En Irán de hoy, la tierra de este culto universal, el recuerdo de Mitra permanece vivo en el  nombre que los padres ponen a sus hijas, mientras el cambio del calendario, al igual que  hace algunos miles de años,  lo sigue marcando la fiesta de Nou Ruz el “Nuevo Día”, el primer día de la primavera, que anuncia el renacimiento de la naturaleza.