Cuenta la mitología mazdeísta, una antigua religión persa, que en el Juicio Final, un tribunal formado por tres Espíritus Santos, Mitra, Sorush y Rashn, desde su sede celestial de la “Casa de los Cantos” juzgarán a las almas humanas, colocando sus pecados en uno de los platos de la balanza de justicia y sus buenas obras en el otro, para así decidir a quién enviar al Paraíso (término persa que significa “jardín”), y a quién al infierno, un espacio frío y tenebroso. En caso de empate, terminarían en el Hameste-gan, «istmo». Se trata, posiblemente, del primer tribunal de inquisición en el “más allá” inventado por el poder para conseguir la obediencia de la población aterrorizada, y también del indicio de su existencia en la vida real.

Miles de años después, Nasrín Sotudé comparece, en el mismo territorio, ante un tribunal de hombres zombis de la Edad Media, autoproclamado “Guardianes de los edictos de Dios”, con la autoridad de condenar a los ciudadanos convertidos en súbditos y rebaño a sentencias como lapidación, ojo por ojo en su sentido literal, latigazos y ahorcamientos en las plazas públicas por “delitos” como pensar, cuestionar, razonar, amar, bailar, cantar, viajar, ser comunista, sindicalista, feminista, monárquico, liberal (pero se abre la Oficina de Talibán), ateo, bahaí, budista, sufí, hereje, apóstata, oponerse a la tortura y la pena de muerte, ….. c

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